México se viste de Mundial ¿Quién está invitado?

 ¡Hola! Nuevamente me da muchísimo gusto saludarles. Es un placer para mí seguir escribiendo ésto, aunque la vida ha sido muy dura últimamente y el tiempo se nos esté pasando volando. Tengo el presentimiento de que el sueño se está acercando y aunque nos tocó ir lentos, vamos seguros. 

El pasado Jueves 11 de Junio, comenzó la más grande fiesta deportiva del año; El Mundial de futbol, que tiene como sede a Norteamérica (Canadá, Estados Unidos y México) y aunque los otros países participan activamente con ceremonias que tienen a celebridades importantes, por alguna razón únicamente México parece la verdadera sede, ya sea por sus calurosas bienvenidas, su increíble afición o lo pintorescas que son sus ciudades... Y dentro de tanto color y tanta fiesta, los mexicanos tenemos todos opiniones divididas. 

Hay una frase que ha rondado mi cabeza desde que comenzó el Mundial y que está siendo usada en las protestas:

México es sede, pero los mexicanos no estamos invitados.

No porque el fútbol no nos guste (somos el segundo país más futbolero del mundo). No porque no sepamos celebrar. Sino porque la fiesta parece diseñada para otros: para patrocinadores, para turistas internacionales, para grandes marcas y para quienes pueden pagar miles de pesos por una experiencia que la mayoría del país solo podrá ver desde una pantalla.

Y eso me hizo pensar en la moda. Sí, la moda. La misma en la que trabajo todos los días, la misma que es un tema de interés de la mayoría de quienes leen estas líneas, la misma de las pasarelas en capitales de la moda, la misma que es glamurosa y un industria multimillonaria... Porque la moda nunca ha sido solo ropa, como les he venido diciendo durante todo este proyecto. La moda es imagen, es narrativa, es la manera en que alguien decide presentarse ante el mundo. 

Un vestido puede ocultar inseguridades, un uniforme puede representar poder y una pasarela puede vender una fantasía.

Un Mundial hace exactamente lo mismo con un país entero.

Durante unas semanas, México se maquilla. Se llena de colores, de publicidad, de campañas institucionales y de discursos sobre hospitalidad. Se presume la gastronomía, el folclor, la música y la riqueza cultural. Todo parece perfecto.

Pero basta con apartar un poco el telón para recordar que el escenario es mucho más complejo.

La "ajolotización" y una ciudad vestida de Morado.

Bastaron semanas, literalmente unas pocas semanas, para ver a la ciudad llena de ajolotes y pintada de Morado. Lo cual es bello, el ajolote es orgullosamente mexicano y profundamente chilango y aunque la FIFA lo odió, se convirtió en una mascota presente en murales, calles, camiones, trenes y demás... Únicamente para hacer campaña política y vender una ciudad que NO es la que tenemos. 


El ajolote se volvió un símbolo... Pero dicho símbolo no se protege pintándolo en un mural. Se protege recuperando su hábitat, cuidándolo y haciendo las acciones correctas para que deje de ser una especie en peligro de extinción. Ésta es la primer ironía de la que les quiero hablar... convertir en embajador turístico a una especie amenazada mientras sus canales siguen enfrentando contaminación, urbanización y abandono. El ajolote vende. Xochimilco también vende (uno de los lugares más visitados por extranjeros en la ciudad) Pero lo que no vende es cuidar ese ecosistema y es algo que al gobierno de la ciudad simplemente no le interesa y por culpa de eso, los murales son lo único que nos quedará del ajolote en un futuro no muy lejano. 


¿Y el Morado? 

El gobierno no deja de preguntarnos ¿Por qué nos molesta tanto?. 
La elección del morado tiene que ver con la lucha feminista... una lucha que no se han cansado de reprimir, de satanizar y de ignorar. 

Pero además de todo, el Morado se ve feo... No porque sea un color feo sino porque convierte a una ciudad colorida y llena de vida en algo que se ve igual en todos lados. Además, pintar caminos, vallas de las carreteras, puentes peatonales y señalizaciones de morado puede llegar a ser peligroso. 
Generalmente, el color amarillo predomina porque es el que asociamos con la precaución, el morado simplemente daña todo eso. 

Parte de cómo maquillaron a la Ciudad de México se ve también en la línea 2 del Metro. 
Un sistema carente de eficiencia, con un historial de daños y catástrofes enorme. 
El metro es un tema extenso, quizás del que se puede hablar después en un capítulo aparte... Pero la cosa es que el gobierno ha gastado millones de pesos en decorar y esconder las deficiencias del metro. 

Para prueba, la tendencia del Metro Hidalgo. Nos dan risa los memes sobre las lámparas de Versalles, pero lo cierto es que a profundidad da bastante coraje. 


Otra ironía son los carteles en toda la ciudad "Capital de la lucha feminista"  "Capital de la inclusión"

Una ciudad, donde sus ciudadanos tienen que pasar todo el día en transporte, donde las mujeres caminamos con miedo, donde no se ofrecen facilidades para la clase trabajadora y aquellos que tienen que vivir y no pueden acceder a los lugares que están para ellos. 

Bella, sí. Pero para quienes pueden disfrutar de ella, no para quienes trabajan para sostenerla. 

México campeón en desaparición

Mientras el mundo mira estadios llenos y ceremonias espectaculares, miles de familias mexicanas siguen buscando a sus desaparecidos.

No buscan una copa. Buscan un hijo, una hermana, un padre, una madre. No hay reflectores para ellas, hay represión y hasta burlas. 

Mientras la ciudad se preparaba con reflectores, fuegos artificiales, conciertos y eventos masivos... Ellas llevaban palas, fotos, pancartas y mucha esperanza. 

Este es el contraste más doloroso de todos: un país capaz de organizar uno de los eventos deportivos más grandes del planeta mientras miles de familias siguen esperando respuestas.


En México hay actualmente 132,534 personas registrada como desaparecidas y a diario se registran más y más. 

Y en lugar de sumar esfuerzos para un correcto combate al crímen organizado, el gobierno dió prioridad a eventos, a la comodidad del extranjero, a la imagen en el mundo. 

En Guadalajara, han sido halladas fosas clandestinas con cientos de restos humanos en alrededores del estadio Akron. ¿Cuántas más existirán en todo el país? ¿Cuántas personas más se convertirán en una cifra antes de que alguien haga algo de verdad?. 

Es importante dar difusión y entender que nadie está a salvo de ésta situación. 

La gente pobre no tiene lugar

Nos han vendido al mundial como una fiesta nacional. Pero intenten comprar un boleto, comprar mercancía oficial, moverse cerca de los estadios... Todo tiene una lista de invitados  y aunque se vende como un evento para todos, la mayor parte de la población solo podrá observar desde lejos aquello que ayudó a financiar con sus impuestos y su trabajo diario. 

Y miren, yo sé que el futbol mueve muchas emociones, es la clase de pasión que mueve al país. Pero también mueve cantidades obscenas de dinero, con patrocinios exclusivos, zonas comerciales controladas, restricciones para vendedores locales, licencias, marcas autorizadas y espacios públicos convertidos en escaparates corporativos.

El balón rueda, pero detrás corre una maquinaria económica gigantesca donde los grandes ganadores rara vez son los pequeños comerciantes o a quienes de verdad les apasiona el futbol. La fiesta tiene dueños que cobran entrada e incluso te cobran para verlo en tu propio país. 


Si van a comprar una playera, compren a quienes las fabricaron con sus manos, no a quienes le pagaron 36 pesos a las artesanas que le dieron vida a sus productos, no a las marcas que se jactan de ser orgullosamente mexicanas y que "ponen en alto" a las tradiciones pero que tratan a sus trabajadores como algo que tienen que esconder, que basan a su clientela en el 1%, que disfrazan a su marca con ropa fast fashion y que se niegan a trabajar con mexicanos. 

Opten por consumir local, a quienes tienen que pagar una renta o una colegiatura. 

El Mundial terminará y las grandes marcas seguirán siendo multimillonarias. Pero los pequeños negocios mexicanos seguirán luchando por sobrevivir.

Consumir local también es una forma de hacer patria.

México sabe hacer fiestas

Somos expertos en recibir visitantes, famosos por ser cálidos, por compartir, cantar y bailar. Eso no está a discusión. 

Pero también deberíamos aprender a preguntarnos quién paga la fiesta, aprender a quejarnos más seguido, a no conformarnos y a gritar por lo que es injusto.

Porque mientras las cámaras enfocan estadios iluminados, hay escuelas deterioradas, hospitales saturados, protestas, escasez de agua en diversas zonas, contaminación, violencia y una desigualdad que no desaparece por decreto ni con carpetas de investigación.



Un Mundial dura unas semanas.

Los problemas de un país permanecen mucho después del silbatazo final.

Está bien que un mexicano canta y no llora... Pero no se queden callados, lloren y por favor no sean de esos tibios agachones que se niegan a ver la realidad y prefieren quedar bien ante el mundo, un mundo que está repleto de las mismas problemáticas.

Vale la pena aclara que ésto no es un llamado a no ver el Mundial o no consumir lo relacionado al futbol... es un deporte bello. Pero háganlo con consciencia, teniendo presente que lo importante no es un evento ni una copa, sino la unión que se representa.

Vestir un país no es lo mismo que transformarlo.

Como amante de la moda, entiendo perfectamente el poder de la imagen.

Un buen estilismo puede cambiar la percepción de cualquiera, un maquillaje puede ocultar imperfecciones, una campaña publicitaria puede construir una fantasía.

Un Mundial viste, ilumina, fotografía desde su mejor ángulo y convierte en tendencia global a una nación. 

Pero cuando termina la sesión de fotos, el maquillaje se lava y el espejo vuelve a mostrar la realidad.

Quizá por eso la pregunta más importante no sea quién levantará la copa.

La verdadera pregunta es si, cuando el último turista se vaya, México seguirá teniendo motivos para celebrar.









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