La moda en un ámbito laboral
¡Hola! ¡Por fin es hora! Que alegría poder escribirles de nuevo... Se que no he cumplido mi propósito de año nuevo respecto a escribir más seguido, pero lo cierto es que cosas importantes han sucedido y aunque me tomó meses adaptarme, creo que lo estoy logrando y este proyecto sigue porque sigue.
Recientemente me incorporé al mundo laboral, lo cual es increíble... Aterrador por ser la primera vez, demandante para alguien de mi edad y sumamente importante.
La vida en una oficina (un taller, en mi caso) me ha llevado a pensar en el tema de hoy y la importancia de la empatía con quienes están al rededor.
Esto es: La moda en un ámbito laboral.
Y quiero aclarar que esto no es una crítica a MI ambiente laboral en específico, pero sí a un sistema que prioriza la "productividad" y la "imagen" por encima de quienes lo sostienen.
No sólo es mi recién iniciada vida laboral sino también que "La Oficina", la serie más exitosa de México en lo que va del año, fue estrenada y dentro de todo el humor, nos dan también una muestra realista de una oficina: la rutina, el cansancio, el caos, los privilegios, el funcionamiento del trabajo. Con mucho humor, todos los que trabajamos en oficinas nos llegamos a sentir identificados con lo que se nos mostró y eso, esa familiaridad, fue lo que trajo a la mesa el tema del Godinato.
Hay algo muy interesante pasando últimamente y es que, la necesidad de control, formalidad, falta de color, estructuras y demás, han puesto de moda esa estética de oficina y no la versión realista y caótica, sino la romantizada. Lo vemos con la popularización de los Blazers, con las camisas bien planchadas y los termos bonitos para el café que dan una idea extremadamente pulida de la vida corporativa, de los pilates antes de la oficina, del Starbucks para desayunar que parece sacada de Pinterest.
Pero ¿Qué tan parecido es eso con la vida real? Los outfits bonitos, el maquillaje elaborado, hasta nuestro estilo alternativo adaptado.
Lo cierto es que, en un mundo laboral, seguir siendo creativo y estar a la moda, es difícil y situaciones como las largas jornadas, el transporte y demás, contribuyen en que los godínez pensemos "¿Es necesario ir así al trabajo?".
Acompáñenme a ver este tema interesante.
El día laboral empieza mucho antes de la oficina
En teoría, la jornada laboral es clara: 8 horas.
En la práctica, no.
En México, las jornadas legales suelen ir de 40 a 48 horas semanales dependiendo del esquema laboral, pero eso ignora un bloque completo de tiempo que no aparece en nómina: el traslado.
En la Zona Metropolitana del Valle de México, millones de personas invierten entre 1 y 2 horas por trayecto en transporte público o tráfico, según datos del INEGI y la Encuesta Origen-Destino. Eso significa que una persona puede pasar fácilmente entre 2 y 4 horas diarias solo moviéndose y hasta en algunos casos de 3 a 6 horas DIARIAS.
Hasta 20 horas semanales.
Casi un segundo trabajo… pero sin salario, sin descanso y sin reconocimiento.
Y eso lo cambia todo. Porque cuando el día ya empezó agotándote, la idea de “vestirse bien para la oficina” deja de ser estética y se vuelve logística básica de supervivencia.
Y aun así, se espera que llegues “presentable”.
El código de vestimenta Godín: estética sin función
Aquí es donde la conversación se vuelve absurda.
En muchos trabajos de oficina, los códigos de vestimenta siguen existiendo bajo una lógica completamente estética: “formal” sin importar el clima, el trayecto o la lejanía, zapatos incómodos aunque tengas que caminar, telas pesadas en ciudades calurosas, maquillaje o “buena presentación” como requisito implícito
Pero ¿Para qué? No es seguridad, no es funcionalidad, no es rendimiento. Es imagen y una absurda necesidad de control, el típico control del patrón sobre el trabajador.
Esa imagen muchas veces está desconectada de la realidad del trabajador promedio.
¿Cuando la vestimenta sí tiene sentido?
Eso es simple y una cuestión de lógica. Hay profesiones donde la ropa no es estética: es supervivencia.
- Bomberos → trajes resistentes al fuego
- Ingenieros → cascos, botas, chalecos
- Personal médico → batas, guantes, protección sanitaria
- Construcción → equipo de seguridad obligatorio
En estos casos, la vestimenta cumple una función clara: proteger el cuerpo y hasta a las personas que nos rodean. Nadie cuestiona eso.
Pero en el entorno Godín, no tiene sentido. Porque no se trata de proteger al trabajador… Se trata de proyectar una imagen corporativa una imagen de quedabien.
Aunque esa imagen implique incomodidad, calor, rigidez o desgaste adicional, las empresas exigen sin adaptar y muchas empresas siguen defendiendo estos códigos bajo argumentos como: “imagen profesional” “cultura corporativa” “presentación ante clientes”
Pero evitan todas las variables que ya mencionamos
Se espera que el trabajador se adapte al código. El código nunca se adapta al trabajador.
Y eso revela algo importante y es que la prioridad no es el bienestar sino la apariencia.
Gobierno e infraestructura: el problema que nadie quiere ligar con la moda
El otro factor clave es la ciudad: El sistema de transporte público en la CDMX mueve millones de personas diariamente, pero opera con: saturación en horas pico, falta de ventilación en vagones, retrasos frecuentes, infraestructura rebasada y poca seguridad.
Esto no solo afecta la movilidad, sino también al cuerpo y la energía
Afecta también el tiempo disponible para cualquier otra cosa, incluida la preparación personal.
Y aun así, la conversación sobre “verse bien” rara vez incluye este contexto.
Y debo mencionar algo más... Ser alternativa, cumplir con una etiqueta o en general ser mujer en una ciudad como esta, nos expone a miradas y acoso.
De ahí las preocupaciones comúnes: "no uses ésto si vas a viajar en transporte" "llévate un cambio de ropa" "ten mucho cuidado". ¿Acaso no afecta eso también la forma en la que nos vestimos? Sobre todo si el viaje tiene que ser diario.
En ese caso, el uso de faldas y otras prendas suele llegar a ser difícil y hasta repudiado.
El privilegio disfrazado de disciplina
Sé que quizás quien lea ésto dirá algo tipo "por eso me levanto temprano" "prefiero priorizar estilo en lugar de confort".
Y es aquí es donde entra la crítica más incómoda.
Decir que “siempre debes verte bien para la oficina” no es un consejo neutral.
Es una afirmación que suele venir desde condiciones privilegiadas: trayectos cortos, transporte privado, acceso a espacios cómodos y tiempo disponible, tiempo para levantarte temprano, tiempo incluso para "hacerse tiempo".
Se disfraza de disciplina personal, como si todo dependiera de ganas, como si el sistema no influyera. Como quienes aseguran que la pobreza es una condición que cambia a voluntad.
Entonces… ¿vale la pena? La pregunta no es si la moda importa porque sí importa.
Pero en este contexto, hay otra pregunta más relevante:
¿vale la pena sostener estándares estéticos incómodos, calurosos y poco funcionales… en un sistema que ya te quita tiempo, energía y calidad de vida antes de empezar a trabajar?
Y para cerrar
Vestirse bien no debería ser un privilegio ni una carga... Pero hoy, en muchas ciudades y trabajos, termina siendo ambas cosas.
Porque no es lo mismo elegir un outfit que construirlo encima de jornadas largas y traslados agotadores, además de infraestructuras deficientes y códigos laborales anticuados que no evolucionan.
Y miren, quizás, sólo quizás el problema no es el blazer, ni el tacón, ni la camisa que las empresas obligan a usar para estar sentado frente a una computadora 8 horas... Tal vez el problema es seguir exigiendo estética en un sistema que no garantiza lo básico: tiempo, comodidad y condiciones dignas para vivir.
Ahí ya no tiene nada que ver la moda sino el sistema.
Con esto regresamos un poquito del hiatus y nos ponemos a chambear, recuerden que este proyecto nunca morirá.
¡Gracias por leer!
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